miércoles, 9 de diciembre de 2009

La puta crisis.


"No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.
La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.
La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.
Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar 'superado'.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.
El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.
Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.
En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla."

Albert Einstein

lunes, 7 de diciembre de 2009

Humo, esmaltes y otras historias

El cielo había estado nublado toda la mañana, pero quejarse de las pocas gotas de lluvia que caían en esa tierra era un sacrilegio que no aceptaba ni el más renegado de la ocupación de nuestros ancestros. Las baldosas estaban mal puestas, el tráfico mal organizado, pero después de meses sin beber agua del grifo por el evidente sabor a cieno que había dejado la sequía, todos aguantaban con alegría y un ligero resquicio de resignación odiosa que cualquier señora bajita les diera con una varilla del paraguas en la sien. Salió de su portal y el mecánico del taller de abajo le dijo un piropo. No le gustaba en absoluto, pero no sabía por qué le resultaba inevitable tener sueños eróticos con él en esos viente minutos de siesta que le sabían a gloria. Se subió al coche, esa tarde le tocaba el bueno, bajó la ventanilla para que el humo del cigarro que sostenía entre los labios se impregnara lo menos posible en los sillones. Cuando la llave tocó el contacto sonó la canción que su hermano había dejado a medias... "Hold on I´m comin". Se sonrió, le encantaba, y se miró en el espejo retrovisor, estaba guapa. El tratamiento de crecimiento de pestañas había funcionado y el dolor que sentía cuando se apretaba la cintura era una reminiscencia del vino que ayer se había tomado con sus amigas, esas pequeñas cosas que hacen que la vida valga la pena. Ninguna mamá en el Jeep de su marido se interpuso en su camino y, en el semáforo de la esquina de aquel colegio de monjas, salió el sol.
Las horas de la tarde se le fueron entre Decretos y una absurda fijación con el esmalte encarnado de sus uñas. Cuando regresó pudo aparcar, sorprendentemente, en la segunda vuelta que dió a la manzana. Seguía sintiéndose bien, y tenía una estupenda lectura en la mesilla de su cama, y seguían gustándole sus pestañas y el ser tan ególatra; seguía sin soportar las faltas de ortografía y los errores de expresión, en cambio, seguía encantándole el olor a crema antiarrugas que desprendía su madre por las noches.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Menú del día.


Se llamaba Paqui. Estaba separada y tenía nariz de gancho. Su ex-marido era barrigudo y su hijo, un niño mariquitiqui. Su hija, por el contrario, una adolescente humilde con novios y coches, tenía el pelo largo.

Me gustaba su imaginación. Entretenía a mi hermana, de 5 años más o menos; distraía su atención con las revistas de publicidad de supermercados y la hacía reir.

Una noche era carnaval, su hijo iba disfrazado de spiderman, su hija iba al baile del "salón los delfines" y nos hacía tortilla para cenar.

Jugabamos a "te llamas lo que comes". Como a mi me gustaba mucho el arroz, era arrocera, como a ella le gustaba la carne, era carnicera. Entonces parí una brillante idea y dije: como a mi hermana le encanta la tortilla, es tortillera.

A Paqui se le estiró la nariz. Y sin más dilación me explicó que ese ejemplo no servía. Controlé mis impulsos e intenté razonar, yo no sabía que a las tortilleras no tenía porqué gustarle las tortillas y que evidentemente lo que les gustaba era otra variante de la alimentación.

Paqui a la cual recuerdo con especial cariño, fue una de nuestras niñeras.

martes, 1 de diciembre de 2009

Eso era amor.

Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
-¿Te gustan solos o con rimel?
-Grandes,
respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.


Á.González

viernes, 20 de noviembre de 2009

Pecado mortal I. B R U T A L




Algunos podríamos morir...

jueves, 19 de noviembre de 2009

La espuma de los días.

Bebe -dijo Colin.
Bebieron los dos. El resplandor quedaba adherido a sus labios. Colin volvió a encender las luces. Parecía dudar si quedarse de pie.
-Una vez al año no hace daño -dijo-. Creo que podríamos terminarnos la botella.
-¿Y si cortáramos la tarta? -dijo Chick.
Colin cogió un cuchillo de plata y se puso a trazar una espiral sobre la blancura pulida de la tarta. De repente, se detuvo y miró su obra con sorpresa.
Voy a probar una cosa -dijo.
Tomó una hoja de acebo del ramo de la mesa y, con una mano, asió la tarta. Haciéndola girar rápidamente sobre la punta del dedo, colocó, con la otra mano, una de las puntas del acebo en la espiral.
-¡Escucha!... -dijo.
Chick escuchó. Era la canción Chloé en la versión arreglada por Duke Ellington.
Chick miró a Colin. Estaba tremendamente pálido. Chick le quitó el cuchillo de la mano y lo hincó con ademán firme en la tarta. La cortó en dos y, dentro de la tarta, vieron que había un nuevo artículo de Partre para Chick y una cita con Chloé para Colin.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La "meiga".

                 Maruja Mallo

Tú,
tú que bajas a las cloacas donde las flores más flores son ya unos tristes salivazos sin sueños
y mueres por las alcantarillas que desembocan a las verbenas desiertas
para resucitar al filo de una piedra mordida por un hongo estancado,
dime por qué las lluvias pudren las horas y las maderas.
Aclárame esta duda que tengo sobre los paisajes.
Despiértame.

Hace ya 100.000 siglos que pienso en que tú eres más tú cuando te acuerdas del barro
y una teja aturdida se deshace contra tus pies para predecir otra muerte.
El espanto que suben esos ojos deformados por las aguas que envenenan al ciervo fugitivo
es la única razón que expone mi esqueleto para pulverizarse junto al tuyo.
Una luz corrompida te ayudará a sentir los más bellos excrementos del mundo.

Periódicos estampados de manos que perdieron su nitidez en el aceite desgarran hoy el viento
y los charcos de grasa solicitan tus ojos desde los asfaltos reblandecidos.
Aceras espolvoreadas de azufre aclaman por el alivio de una huella
para que se agiten de envidia esos vidrios helados que se abandonan a los terrenos intransitables.

Emplearé todo el resto de mi vida en contemplar el suelo seriamente
ahora que ya nos importan cada vez menos las hadas,
ahora que ya las luces más complacientes estrangulan de un golpe las primeras sonrisas de los niños
y exaltan a puntapiés el arrullo de las palomas
y abofetean el árbol que se cree imprescindible para el
embellecimiento de un idilio o de una finca.
Mira siempre hacia abajo.
Nada se te ha perdido en el cielo.

El último ruiseñor es el muelle mohoso de un sofá muerto.
Desde los pantanos, ¿quién no te ve ascender sobre un fijo oleaje de escorias,
contra un viso de tablones pelados y boñigas de toros,
hacia un sueño fecal de golondrina?



 Rafael Alberti
La primera ascensión de Maruja Mallo al subsuelo (1929)


martes, 17 de noviembre de 2009

ME RESULTA JODIDAMENTE MARAVILLOSO:


martes, 10 de noviembre de 2009

De los celos. Objeto y principios generales

Pocas veces el ser humano acepta sentir envidia. La envidia que nada tiene que ver con el malogrado uso de la expresión "envidia sana" que proferimos en conversaciones sobre las vacaciones de nuestras amistades. La envidia es la versión en pecado capital de los celos más intrínsecos. Y no hablo de parejas, señores, que también, hablo de cualquier ámbito de la vida diaria de todo occidentalizado de a pie. Comienzan con una punzada en el vientre cuando desentrañas el motivo que los provoca, seguida de un recorrido de calor que llega hasta la raíz del pelo, para acabar con una oleada fría en toda la superficie del cráneo. ¿Son los celos, entonces, algo tan primario que está conectado con sensaciones físicas? Existen teorías, probablemente realizadas por personas que han leído pocos libros, aunque no tengo datos fehacientes, que creen que los celos son una demostración de amor hacia alguien. Es una afirmación irrisoria, ya que son el deseo egoísta de querer estar en el lugar de otra persona, porque está en la posición que tú querrías para . Existen celos entre abuelas, entre compañeros de trabajo, entre amigos, por un puesto, por un vestido, por una conversación... La sociedad te incita a ser celoso, para luego relegarlo a sentimiento irracional que provoca malestar general. Y es que la egolatría es un instinto de supervivencia en una cotidianeidad en la que se posee todo.

y también malditas


Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.


¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!


¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales...
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre... Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.


Antonio Machado
Las moscas