jueves, 30 de octubre de 2008

Manual de instrucciones


La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero «Hotel de Belgique».
Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta luego, querida. Que te vaya bien.
Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.
Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las mismas. Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de nuestros anteojos, ¿por qué estaría mal? Pero como un toro triste hay que agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia fuera, hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del toro. Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y acepta taimadamente su nombre de nube, su réplica catalogada en la memoria. No creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por qué te los daría? Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío. Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro hacia la pared y ábrete paso. ¡Oh cómo cantan en el piso de arriba! Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las caras ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.

Julio Cortázar-Historias de Cronopios y famas


jueves, 16 de octubre de 2008

Memories Collector




El tren se ha vuelto a poner en marcha,
agarro la caja con fuerza y me acuerdo, de que no sé adonde voy
eso tampoco me preocupa demasiado,
me preocupan más los lugares adonde no voy.

Standstill,
pa quedarte fiambre al verlo.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Brussels Sensass






Aquí os espero.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Hännah vuela alto.

Desde bodas de fiambre, queremos desearte, Hänna, que el país vecino te acoja y que lleves más allá la tragedia de la vida moderna.
Con amor,

jueves, 11 de septiembre de 2008

.HÉROES.


Conducía un camión lleno de dinamita por la Plaza Roja cuando se dio cuenta de que ya no había nada que hacer allí. Se acordó de la foto de Iggy Pop y David Bowie en Moscú. Trató de encontrarlos pero no dio con ellos. Así que comenzó a angustiarse y se angustió tanto que se despertó.
Le pregunté: ¿Qué coño pasa?
Y dijo: Nada, sólo era un sueño.
Después volvimos a quedarnos dormidos. Soñé que tenía una pistola de plata. Una pistola preciosa. Primero disparaba contra el tío que mató a Lennon y pensaba: eso está bien, pero después me ponía a dispararle a todo el mundo. Disparaba sobre los que iban de uniforme y me daba igual que fueran policías, carteros, azafatas o futbolistas. Sinceramente no sabía qué pensar al respecto. Cuando se terminaron las balas, tiré la pistola al suelo y eché a correr. Corría tan deprisa como podía, y podía correr realmente deprisa. Tanto que los niños temblaban en sus asientos cuando pasaba cerca de un colegio. Corría mucho más deprisa de lo que he corrido nunca despierto, dos o tres veces más. Cuando llegué a Moscú me puse a buscar a Iggy y a Bowie pero para entonces ya era viejo y estaba cansado. Un chico con una cazadora de cuero me dijo: Bowie ya no está aquí, se ha ido a Berlín, Iggy está con él. Hace rato ha venido tu chica, pero ella corría más que tú. Ya debe estar allí.
Después el chico se marchó y me quedé solo y empecé a comprender que todo era un sueño, desde el principio. Porque yo no podía ver en sus sueños y porque ni siquiera tenía chica.
Muchos años más tarde estuve en Berlín con ella y, a pesar de que es una ciudad jodidamente extraña. Contamos ángeles bajo la lluvia, saludamos a la gente del circo cuando ya se marchaban, compramos medallas a los desertores y yo me acordé de algo que decía Bob Dylan: " Te dejaré estar en mis sueños, si yo puedo estar en los tuyos".










Así comienza "Héroes" de Ray Loriga.

Cortesía de Güé.

sábado, 30 de agosto de 2008

El ángel Simón.


Ángela se quejaba porque se estaba descomponiendo, no le hubiera gustado verse en ese estado, créanme.
Cuando ya pasó una semana de nuestra desaparición, comencé a sentirme cómo si los gusanos que se comían a Ángela me comieran a mí también, pero no podía hacer nada para remediarlo, tenía los miembros entumecidos de permanecer tantos días sin moverme del frío suelo de mármol. Poco a poco mi piel se comenzaba a agujerear dejando al aire mis más íntimos rincones.
Y no es que yo sea muy escrupuloso, pero ya saben, uno siempre tiene sus miedos y recelos.
Al final, los temidos gusanos malolientes terminaron por comerse mi cerebro, se comieron cada uno de mis pensamientos, cada uno de mis recuerdos.
Resulta absurdo el afán de sabiduría que le da a uno en vida ¿No creen? Tanto querer aprender cosas, tanto subir a la cúspide de la cultura, tener un alto conocimiento sobre arte, música, cine… ¿Y todo para qué? Para que unos asquerosos gusanos devoren hasta el más preciado cuadro de Bacon, el más precioso poema de Baudelaire, o la más espectacular escena de Passolini.
A mí siempre me hubiera gustado morir incinerado, pero las trivialidades de la vida me hicieron que muera el día siete de noviembre del año 1995, y para colmo, devorado por unos amiguillos la mar de entrañables.
Al mismo tiempo que veía a mis nuevos amigos ponerse las botas, Ángela se levantó. Estaba perfecta, no tenía ningún agujero, ningún rasguño, ningún moratón de la paliza que le propiné días atrás. Estaba desnuda, me miraba fijamente, esperando que me pusiera en pie, y no se de dónde carajo saqué las fuerzas, pero me puse en pie y entré en su habitación y le di uno de esos vestidos tan coloridos que se había comprado en un mercadillo de la Toscana italiana. Yo cogí una camisa de su marido y unos tejanos limpios (mi ropa apestaba) y nos fuimos a respirar aire fresco y puro. Bueno, eso de puro lo discutiríamos por el camino porque necesitaba a gritos un cigarrillo, y Ángela me confesó que también.

miércoles, 27 de agosto de 2008

¿Satisfechos?


ACTO I


ESCENA I
Grumión y Tranión

GRUMIÓN.- Hazme el favor de salir de la cocina, carne de látigo, que entre las cacerolas me sacas a relucir tus dicharachos. Vete de casa, que eres la ruina del amo. Por Pólux que, cuando estemos en el campo, ya te castigaré a gusto, si no me muero antes. ¡Sal, te digo, peste de la cocina! ¿qué haces ahí escondido?

TRANIÓN.- ¿A qué diantre viene que armes esta gritería aquí, delante de casa? ¿Es que te crees que estás en el campo? Aléjate de casa, vete al campo, ve a que te cuelguen. ¡Apártate de la puerta! ¡Ahí tienes! (le golpea). ¿Es esto lo que querías?

GRUMIÓN.- Pobre de mí, ¿por qué me pegas?

TRANIÓN.- Porque estás vivo.



Plauto-Mostelaria



Bodas de Fiambre abre una ventana al pasado para traeros a la decadencia de los tiempos modernos este pequeño fragmento, seleccionado a conciencia, de la obra Mostelaria del comediógrafo latino Tito Maccio Plauto -plautus(pies planos)-, que fue, según parece probado, un umbro nacido en la villa de Sársina a mediados del siglo III antes de Cristo.


sábado, 23 de agosto de 2008

Ennio Morricone does Henry Mancini (Pink Panther)

El temazo del día:





¡noparesdebailare!

jueves, 21 de agosto de 2008

Claritura monta.

Aprovechando la ausencia de las cabritas del norte, nos tomamos el derecho y permiso de mostrar en esta Bodallenadefiambres un pequeño montaje realizado por Clara dC. en el que, según ella misma describe, trata de analizar la obra de Francis Bacon además de las prestaciones de la luz, para acabar definiendo de una nueva forma mediante una animación, un espacio arquitectónico.







Óle esa hitana que sacó matrícula de honorrr.

martes, 19 de agosto de 2008

Dada la intransigencia de la que mamamos, bodas de fiambre tienen el gusto de tomar represalias contra la barbarie.

¡Basta!