jueves, 11 de diciembre de 2008
Regular storm sounds
- Lo sé. En aquella película de miedo que vimos por primera vez los dos juntos hundiste tu cabeza en el y así te quedaste toda la película
- Así no tuve miedo
- Tu la elegiste...
- Tú eres el hombre, deberías haberla elegido tú. Eso deben hacer los hombres, lo leí en un libro de Sam Shepard
- Shepard hace teatro
- Es un libro de teatro
- La próxima vez elijo yo
- Tu siempre eliges películas de cine independiente o subtituladas
- Te pongo los subtítulos en amarillo
- Es la misma nube pero con distinto color
- Ya...
- Me encanta como huele este jersey. Huele a sencillez
- ...
- No te lo quites
- No lo haré
- Buenas noches
- Buenas noches pequeña
sábado, 6 de diciembre de 2008
Principios de diciembre
El esperma huele a tristeza.
martes, 25 de noviembre de 2008
lunes, 17 de noviembre de 2008
Mi vida, siempre delirante.
Todavía no he conseguido recordar en qué momento dejé de ser aquello para convertirme en aquello otro. Tampoco recuerdo el porqué, aunque estoy seguro de que tuvo que ser por causa de fuerza mayor. Recuerdo que justo después de la conversión no sentía felicidad u orgullo. Está claro que no quise convertirme.
Después vino una etapa de negación, de rebeldía, de no admisión de mi estado. Fue la peor etapa de todas. Resulta increíble cómo puede un ser humano llegar a subir su listón de sufrimiento. Hoy me río al recordar por cuantas cosas he sufrido y que ahora me parecen tonterías, simplezas de una vida corriente. También me parece especialmente increíble cómo aun habiendo estado en tantas formas o cuerpos diferentes, uno siga conservando actitudes como la vergüenza o algo mas allá, siga sufriendo (si, sufriendo) la necesidad de sacarlo todo fuera, de expresarse en un auditorio en que hay mas butacas ocupadas aparte de la suya propia.
Mas tarde llegó la etapa de vacío existencial. Nada de lo que ocurriera despertaba en mí un interés especial, o animaba sensación alguna. Perfectamente contemplé como aquellos que alguna vez fueron mis hermanos, estaban ahora asesinando cruel y vilmente a éstos que eran mis hermanos en este momento. No padecí ningún tipo de excitación antes de aquello, ni tristeza alguna cuando ocurrió, ni siquiera melancolía después de lo sucedido. Estaba completamente vacío, pero seguía creciendo. No esperaba nada, no necesitaba nada. Ni siquiera deseaba salir de aquello. La verdad es que no interiorizaba demasiado.
Todo ese tiempo de objetividad y pereza absoluta fue crucial para todo lo que vino después. El poco interés que para mi suponía la propia existencia en ese momento, me hizo comprenderla y en cierto modo, asumirla o resignarme a ella. Creo que en realidad me convertí, una vez más. Me convertí en el constructor de lo que ahora soy, si es que ahora soy algo a parte de este papel y garabatos de tinta dibujados con maña y algo de maestría.
A partir de aquí he de decir que la historia cambió y, después de seguir el orden que supone todo proceso traumático, llegó una época de gran estabilidad, venida abajo a veces por aquella melancolía que almacena nuestra alma.
Ahora sí conseguía disfrutar mi existencia. En otoño disfrutaba sintiendo la caída de las hojas. Me animaba el hecho de pensar que llegaría el frío invierno y que yo me mantendría caliente gracias a esos seres que vivían conmigo, o mas bien , en mí. Me entusiasmaba ese proceso simbiótico en el cual ellos se refugiaban del frío dentro de mi, proporcionándome al mismo tiempo esa ausencia de soledad, porque, en el fondo, huir de la soledad es algo importante si se quiere pasar un buen invierno.
Feliz cumpleaños
Las listas de la compra en la cocina, las películas que vimos juntos en el salón, tus poemas en mi habitación. Todo lo escribías con aquel permanente negro en las paredes. Incluso los insultos, tus reprimendas. Todo. Y ahí sigue todo, como el vaho en el espejo, con los rastros de tus dedos en él, diciéndome “pequeño” o “feo” cada vez que salgo de la ducha en invierno y no estás tú ni el albornoz mojado de ti.
Todas mis camisetas huelen a tu sudor. Tu sudor olía, olía tanto como tu perfume pero nunca me quisiste creer cuando te decía que no importaba, que tu sudor, su olor, me gustaba.
Todo está algo jodido desde que te largaste. Algunas sillas cojean, el gas se apaga en plena ducha, los cajones no abren bien y la cisterna no termina de vaciarse. Supongo que debía pasar así. Siempre ha sido así pero nunca he acabado por acostumbrarme. Dicen que el ser humano es un animal de costumbres pero siempre pensé que yo no era muy de aquí, que me ensoñaba con cualquier cosa y que, después de todo, eso no debía ser muy bueno.
No quiero volver a verte. Quiero volver a verte. Me gusta pensar que algún día te quedarás el tiempo suficiente para llenar todas las paredes de tus letras en permanente y que juntos pintaremos la casa para dejar sitio a más. A más tiempo juntos.
Debo empezar a acostumbrarme a mi sudor y a las paredes pintadas de blanco. A estar sólo y sin ti. A abrir la lata de pintura y hacer girar de nuevo el tocadiscos. Limpiar los vinilos y el espejo. Pintar todos los garabatos que escribiste en mi vida.
Feliz cumpleaños.
jueves, 30 de octubre de 2008
Manual de instrucciones

La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero «Hotel de Belgique».
Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta luego, querida. Que te vaya bien.
Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.
Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las mismas. Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de nuestros anteojos, ¿por qué estaría mal? Pero como un toro triste hay que agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia fuera, hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del toro. Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y acepta taimadamente su nombre de nube, su réplica catalogada en la memoria. No creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por qué te los daría? Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío. Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro hacia la pared y ábrete paso. ¡Oh cómo cantan en el piso de arriba! Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las caras ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.
Julio Cortázar-Historias de Cronopios y famas
jueves, 16 de octubre de 2008
Memories Collector
El tren se ha vuelto a poner en marcha,
agarro la caja con fuerza y me acuerdo, de que no sé adonde voy
eso tampoco me preocupa demasiado,
me preocupan más los lugares adonde no voy.
Standstill,
pa quedarte fiambre al verlo.
sábado, 27 de septiembre de 2008
jueves, 18 de septiembre de 2008
Hännah vuela alto.
Con amor,
jueves, 11 de septiembre de 2008
.HÉROES.
Le pregunté: ¿Qué coño pasa?
Y dijo: Nada, sólo era un sueño.
Después volvimos a quedarnos dormidos. Soñé que tenía una pistola de plata. Una pistola preciosa. Primero disparaba contra el tío que mató a Lennon y pensaba: eso está bien, pero después me ponía a dispararle a todo el mundo. Disparaba sobre los que iban de uniforme y me daba igual que fueran policías, carteros, azafatas o futbolistas. Sinceramente no sabía qué pensar al respecto. Cuando se terminaron las balas, tiré la pistola al suelo y eché a correr. Corría tan deprisa como podía, y podía correr realmente deprisa. Tanto que los niños temblaban en sus asientos cuando pasaba cerca de un colegio. Corría mucho más deprisa de lo que he corrido nunca despierto, dos o tres veces más. Cuando llegué a Moscú me puse a buscar a Iggy y a Bowie pero para entonces ya era viejo y estaba cansado. Un chico con una cazadora de cuero me dijo: Bowie ya no está aquí, se ha ido a Berlín, Iggy está con él. Hace rato ha venido tu chica, pero ella corría más que tú. Ya debe estar allí.
Después el chico se marchó y me quedé solo y empecé a comprender que todo era un sueño, desde el principio. Porque yo no podía ver en sus sueños y porque ni siquiera tenía chica.
Muchos años más tarde estuve en Berlín con ella y, a pesar de que es una ciudad jodidamente extraña. Contamos ángeles bajo la lluvia, saludamos a la gente del circo cuando ya se marchaban, compramos medallas a los desertores y yo me acordé de algo que decía Bob Dylan: " Te dejaré estar en mis sueños, si yo puedo estar en los tuyos".
Así comienza "Héroes" de Ray Loriga.